El almacén farmacéutico que demuestra que la eficiencia energética también se respira
Certificar un almacén industrial bajo el estándar Passivhaus no es habitual. Este sello, reservado casi siempre a viviendas, reconoce edificios capaces de mantener un confort interior excepcional con un consumo energético casi nulo.
Una pionera empresa del sector farmacéutico ha conseguido ser la primera de Europa en obtener la Certificación Passivhaus en su nuevo almacén logístico, convirtiéndolo así en un referente pionero entre edificios de su tipo. La certificación llegó gracias a un conjunto de decisiones de diseño y aislamiento pensadas desde el primer plano y reconoce su excelente eficiencia energética.
La certificación obtenida por la empresa es una prueba de que la sostenibilidad no fue un añadido de última hora para su almacén sino una prioridad bien definida desde el inicio del proyecto.
Es un orgullo para FabricAir haber colaborado en el diseño del proyecto y estar presente en un edificio de este calibre, apoyando a su cliente en la creación de esta nueva planta de la mano del equipo de ingeniería Ergo Synergys, con los sistemas activos en la empresa Del Castillo Ingeniería y el apoyo de estudio Bionm Arquitectura para la certificación pasiva.
El reto
Desde la perspectiva del sistema HVAC, el principal reto del proyecto era la precisión que requería. El almacén debe cumplir con los requisitos más estrictos de la industria farmacéutica en cuanto a higiene, estabilidad climática y otros requisitos.
La exigencia central era mantener una temperatura interior entre 16ºC de mínima y 24°C de máxima con un control de la estratificación máximo con un diferencial de temperatura entre la parte baja del almacén y la parte alta del mismo inferior a 2°C en todo su volumen interior 120.000 m³. En un entorno donde los productos almacenados pueden ser sensibles a variaciones mínimas, que además son registradas continuamente por los sensores de temperatura colocados en diferentes puntos de la zona de almacenamiento y en diferentes alturas, ese margen tan ajustado no dejaba lugar para soluciones aproximadas.
La arquitectura del edificio añadía una capa extra de dificultad. Hablamos de un almacén de grandes dimensiones, con techos que alcanzan los 15 metros de altura y una estructura repleta de vigas y cerchas que había que sortear. Los conductos debían instalarse a 13 metros de altura y con tramos que superan los 100 metros de longitud. Diseñar un sistema que pudiera instalarse con la rapidez y la precisión que caracterizan a FabricAir, en un espacio tan exigente, requirió un trabajo de ingeniería minucioso por parte de nuestro equipo.
La solución
FabricAir respondió con un sistema de conductos de tela Combi 90, con tratamiento antibacteriano compatible con los estándares farmacéuticos, que evita el potencial desarrollo de colonias de bacterias en su interior, montado sobre una suspensión con carril de aluminio anodizado tipo 8 sin aro y con hasta tres diámetros de conducto distintos (incluso conductos de 2.000 mm de diámetro), ajustados a las necesidades de caudal de cada zona.
Resultado
Gracias al sistema elegido, diseñado a medida por nuestro equipo con las directrices de Del Castillo Ingeniería, el almacén ha logrado mantener la temperatura estable. Eso significa frenar los gradientes y evitar que el aire caliente se acumule cerca del techo, dos enemigos silenciosos de cualquier sistema de climatización que FabricAir ha conseguido mantener a raya. Así, el nuevo edificio cumple con los criterios necesarios de su industria y mantiene su eficiencia energética.
Por qué FabricAir
La elección de un sistema de conductos textiles frente a otros más convencionales no fue casual. La empresa ya había instalado en sus almacenes sistemas de difusión de aire más tradicionales, pero con niveles de robotización y alturas de almacenamiento mucho menos ambiciosas que este caso de existo. Además, los conductos tradicionales metálicos no se pueden limpiar para garantizar su higiene. Estas razones, además de la eficiencia energética, llevaron a aceptar el diseño de la difusión de la nave con un sistema de conductos textiles.
A todo lo anterior se sumó un factor más cercano: el cliente y FabricAir comparten ciudad, y la reputación de FabricAir en calidad de servicio ya había llegado hasta ellos antes de arrancar el proyecto. La cercanía y confianza técnica terminaron por inclinar la balanza.
Cuando el aire estable se convierte en eficiencia
La certificación Passivhaus no depende de un único elemento, sino de la suma de muchas decisiones bien orquestadas: aislamiento reforzado, ausencia de puentes térmicos, hermeticidad al aire y ventilación con recuperación de calor trabajando juntos para que el edificio apenas necesite energía externa para mantenerse en equilibrio.
El sistema de FabricAir encaja en esa filosofía de forma natural. Al mantener el aire estable en todas las zonas del almacén, ayuda a que las máquinas de climatización trabajen en régimen constante, y un entorno que no fluctúa es, sencillamente, un entorno que cuesta menos energía mantener.